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Dos décadas creando Arte con mayúsculas

Bernardo Palomo

Hace unos meses la Diputación Provincial de Málaga inauguraba en la Sala Alameda, una de sus sedes expositivas, una magnífica muestra sobre el Taller GRAVURA, aquel que fundara el portugués José Faría y que se convirtió en uno de los centros de obra seriada más importantes que han existido en España –felizmente continúa con su espléndido trabajo bajo la siempre acertada dirección de Paco Aguilar– y que fue uno de los pilares donde se sustentó la renovación artística de la capital malagueña. Viendo aquella exposición no pude por menos de acordarme del Taller de Serigrafía de Christian M. Walter, cuya labor estaba en los mismos parámetros del existente en la capital de la Costa del Sol.

Pensé que, en Granada, sería necesaria una exposición que llevara, sobre todo hasta los más jóvenes, la referencia de la importancia de la labor artística realizada en los espacios, primero de la granadina calle Mano de Hierro, más tarde en La Zubia y ahora en Belicena. Hace unas pocas semanas el propio Christian me anunciaba la inminencia de una exposición sobre los veinte años del taller. Mi deseo se iba a ver realizado. Días más tarde otra noticia sobre el mismo tema, añadía una alegría más al anuncio de la exposición: esta iba a ser comisariada por Joaquín Peña-Toro, uno de los jóvenes artistas granadinos más ciertos de cuantos conforman el poblado artístico granadino.

Ahora cuando la muestra está felizmente inaugurada y patrocinada por Caja Granada –sólo pongo la mínima pega de que tan importante evento debía haberse presentado en el Centro de Puerta Real y, si se me apura, completado con los espacios de San Antón– nos hemos dado de cara con la realidad de un trabajo artístico que supone dos décadas de inusitada expectació en torno a una actividad artística que no se reduce en la simple valía de la oferta presentada sino que ha servido para llevar a muchos la significativa trascendencia de un arte que gracias a la serigrafía se hacía mucho más cotidiano y llegaba hasta muchos más sectores.

Christian Mathias Walter es un alemán que en los años ochenta se afinca en Granada y, desde un primer momento, contribuye a que el arte, ya importante, que tenía lugar en la capital de la Alhambra se fuera haciendo mayor y abriendo la máximas expectativas de futuro, ese presente perfecto que ahora es y que se expande ante un horizonte de lo más diáfano. Primero colaborando en distintos estamentos y, más tarde en solitario, el taller de Christian Walter y Loli Rodríguez –su compañera y copartícipe de tan espléndida realidad– ha llenado una parte importante del arte que se ha hecho en Granada en los últimos tiempos. Los más importantes artistas del panorama plástico español han realizado trabajos en los talleres granadinos y han encontrado en Christian Walter, también artista grande donde los haya, un aliado fiel para trasladar sus esquemas creativos a unas formas que el alemán-granadino convertía en feliz realidad.

La muestra nos presenta muchos de los trabajos realizados. En ellos encontramos la solvencia creativa de un dominador de la técnica pero que, además, posee una visión artística segura y capacitada. Lo que se constata en esta exposición totalmente justificada y que nos conduce por uno de los estamentos más importantes habidos en el arte granadino de los últimos tiempos. Feliz realidad de la que todos los amantes del arte nos sentimos un poco partícipes y tremendamente orgullosos.

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